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viernes, 27 de marzo de 2009

BTT Patones-Atazar-Patones

   Martes, 24 de marzo de 2009

   En esta ocasión, la salida fue con mi amigo Agus y su Specialized Stumpjumper. Decidimos hacer una ruta que conocía él por la zona de Patones-Atazar. Así que metimos las bicis en su coche y nos fuimos en busca de la aventura del día.

   Llegamos a Patones sobre las 10:00 de la mañana y preparamos todo para iniciar la marcha. Yo me había llevado las perneras y los manguitos para los primeros momentos, esperando una temperatura fresquita, pero nada más lejos de la realidad. No me hizo falta ya que desde primera hora nos hizo un día fantástico, nada de frío e incluso al medio día el sol atizaba de lo lindo.

   Comenzamos con una pendiente exigente, que en frío no sienta nada bien, hacia Patones de arriba. Antes de llegar a lo que es el pueblo propiamente dicho, nos desviamos hacia la derecha por un camino que a media ladera nos conduce dirección al pontón de la Oliva. Desde aquí teníamos unas vistas fatásticas de todo el valle aluvial del Jarama.

   En este tramo, el camino se iba dividiendo en varios ramales y a Agus, a veces, le costaba recordar cuál debíamos coger. Por suerte, la memoria le funciona bien y así, entre alguna subida más o menos fuerte y varios descensos pronunciados con tramos de mucha piedra suelta, llegarmos a un punto en el que teníamos que cruzar la carretera que sube hacia la presa del Atazar. Aquí aprovechamos para hacer un pequeño descanso y Agus, cómo no, colgado por enésima vez de su móvil. Por su trabajo tiene que estar siempre localizado y al pobre no le dejan parar ni en su día libre. Esta es la tónica general cada vez que quedo con él.

   Reiniciamos la marcha descenciendo por un camino hacia un nuevo valle. El descenso es largo y rápido con buen firme que nos lleva a un paraje de cuento. Es un bosque de ribera en lo más profundo del valle. El río Lozoya, encajonado, cuyos márgenes están salpicados de sáuces, chopos, álamos y alisos, emana una paz, una tranquilidad a la que poco estamos acostumbrados y no viene nada mal de vez en cuando.

   Siguiendo el camino, acomodado a los meandros del río, llegamos a la presa de la parra. Aquí hacemos otro alto en el camino para deleitarnos con las vistas y echar unas fotos en el puente.

   Nada más cruzarlo, tenemos que poner pie a tierra a consecuencia de un pequeño desprendimiento de rocas que cortan el camino. Una vez salvado el obstáculo, nos introducimos en un pinar. El camino toma pendiente y en una suave pero contínua ascensión, nos lleva a un punto clave en el devenir de la ruta. Si tomábamos el camino de la derecha, íbamos a Valdepeñas del Jarama; si cogíamos el de la izquierda, llegaríamos al pueblo de Atazar y al embalse. Decidimos que aunque era un camino más largo, tomaríamos hacia el Atazar ya que nos apetecía ver el embalse.

   Otra vez el camino tomaba pendiente y tras una dura subida llegamos al alto desde donde se divisaba todo el valle con la presa y el embalse al fondo y más allá, las nevadas cumbres de la sierra de Guadarrama. La estampa era increíble.

   Seguimos la marcha por el camino que transcurría por media ladera y al final, una corta pero durísima rampa nos llevaba al pueblo de Atazar. Aquí paramos para reponer fuerzas por última vez y Agus, cómo no, aprovechó para hablar por el móvil.

   A partir de aquí, todo el camino era por asfalto. Tras una ligera bajada, llegamos a la presa, donde paramos para contemplar el paisaje y hacer unas fotos, pero el guarda nos dijo que no se permitía la estacia de peatones en toda la presa. Así que continuamos la marcha y tras una fuerte subida, coronamos la carretera que baja hasta la presa y desde donde teníamos otra vez más, unas vistas preciosas.

   Ya sólo nos quedaba bajar hacia Patones y dar por concluída esta magnífica ruta. La bajada era larga y muy rápida y el hecho de ser entre semana y no haber apenas circulación hizo que nos lanzásemos a tumba abierta, llegando a alcanzar velocidades de hasta 68 km/h. Al final, tres o cuatro kilómetros de llano y estábamos en Patones de abajo.

   Me voy con muy buen sabor de boca. Hasta otra.